Oratoria para el Éxito: Opositores.

OPOSITAR POR UNA PLAZA EN EDUCACIÓN.

Cada año, miles de jóvenes deciden realizar el esfuerzo de preparar una oposición con el objetivo de obtener una plaza en educación como maestros primarios o profesores secundarios. No obstante, y debido a la apertura de varias convocatorias a nivel nacional, preparar bien los exámenes para opositar con excelencia, es TODO.

Y hacer la diferencia, multiplica las posibilidades.

Preparar oposiciones es un reto personal enorme que no sólo requiere de una gran motivación y compromiso sino que además requiere de un gran esfuerzo; a diferencia de la enseñanza académica no basta con conocer los temas a la perfección, también hay que estar preparados para exponerlos en el tiempo preciso y de modo más efectivo que el resto de los candidatos.

Especialmente en las oposiciones para profesionales de la educación, vale decir, para quienes van a dedicarse a transmitir conocimientos y a enseñar, independientemente del nivel lectivo, es fundamental la capacidad de demostrar toda su capacidad oral didáctica y pedagógica. Sería complejo -sobre todo en esta materia- considerar un candidato con grandes conocimientos teóricos, aunque sin la ductilidad suficiente para saber decir.

Efectivamente, los exámenes orales suelen ser los que más preocupan a los opositores y básicamente porque en la mayoría de estos eventos, uno de los exámenes consiste en una prueba oral, una entrevista personal o una lectura en público.

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Oratoria para el Éxito: Abogados.

ORATORIA PARA EL ÉXITO: ABOGADOS.

El desempeño profesional de un abogado requiere inexorablemente un óptimo desempeño oral y gestual. Procesos implacables como la defensa de un cliente, querellas, mediaciones, debates públicos y/o mediáticos, no permiten fisuras de ninguna índole en la comunicación.

Una duda manifiesta o una expresión inadecuada, pueden tener un coste demasiado alto.

Los abogados deben tener un conocimiento absoluto del litigio, su fundamentación jurídica, la jurisprudencia aplicable, el manejo de documentación e incluso, los aspectos aparentemente más intrascendentes.

Hablar en Público es una situación recurrente para quienes han elegido esta profesión; y no me refiero únicamente a esta actuación dentro de un juzgado o un tribunal. Hoy, este perfil profesional, se ha convertido en fuente de consulta de muchos medios de comunicación, ya sea para buscar la visión especialista frente a noticias de impacto público, o bien para abordar temas jurídicos de notoriedad.

Cualquiera sea el escenario, toda situación de exposición genera esa suerte de protagonismo gradual o inmediato que, si bien es lo que todos quieren conseguir, podría provocar una cantidad de efectos adversos indeseados: desde errores en la dicción, la pérdida del hilo conductor, distracción, inseguridad, sensación de ahogo, sudoración y/o sequedad bucal y hasta el blanco total de la memoria.

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Oratoria para el Éxito: Conferenciantes.

ENTRENA TU ACTITUD Y CREA TU ESTILO.

Resulta difícil imaginar a gurús como Ken Robinson, Michael Porter, Conrad Wolfram, Charles Robertson o al mismísimo Bill Gates, nerviosos, “en blanco” o dudando ante el auditorio. No obstante, y casi con absoluta seguridad podría arriesgar que esa confianza que muestran hoy NO está allí desde el día UNO.

Independientemente de la genialidad que cada uno de ellos signifique en su campo, ser conferenciante y hablar en público no es algo intrínseco de ninguna expertise, de hecho, podría constituir una gran dificultad incluso para los más sofisticados eruditos. Sin embargo, con el tiempo y seguramente con entrenamiento todos ellos han convertido en un arte su forma de comunicarse con el público.

No sin antes, haber pasado por la tan temida primera vez y la segunda y la tercera…

Podríamos pensar que el objetivo de los conferenciantes varía en relación a su campo de actuación. Algunos presentan una idea para generar la reflexión; otros retan, a formar parte de un proyecto o una idea; otros plantean grandes causas para motivar un cambio de actitud y otros transmiten conocimientos técnicos y/o avances y descubrimientos.

Lo importante es que en cada exposición existe una magia que no se ciñe únicamente al discurso, al tono, a la gestualidad o a la emoción, sino a todo ello dispuesto simultáneamente para lograr el objetivo.

Y así como probablemente ellos, pensadores, líderes, científicos, visionarios y maestros en sus comienzos se planteaban infinitas retóricas, hoy te puede estar pasando a ti, que crees que el brillo profesional que has conseguido en tu campo es directamente proporcional a tu miedo a hablar en público.

Dudas, te preguntas, te respondes, y vuelves a dudar…

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Entrena, aprende y/o perfecciona tu oratoria.

Muchos de nosotros nos hemos quedado impávidos frente al discurso de diferentes oradores públicos, afirmando por lo bajo: “yo nunca podría hablar tan bien plantado y con tanta seguridad” o “ su discurso es tan elocuente que creo todo lo que dice” o “está acostumbrado a hacerlo, de eso se trata su carrera” o “fíjate, parece que hubiera hipnotizado al auditorio”.

No obstante, a pesar de la seguridad planteada previamente, lo cierto es que el miedo a hablar en público se revela como uno de los principales temores de las personas, incluso superando al miedo a la muerte. En el gran pequeño mundo de la empresa por ejemplo, directivos y líderes de gestión deben lidiar con este cuadro de situación más frecuentemente de lo que quisieran y bajo diferentes dinámicas.

Veamos algunas de ellas:

1.- Proceso de negociación y/o venta: exposición de mi producto frente a los directivos y gerentes de área de la firma (potencial cliente). 

2.- Reunión periódica de resultados: responsables de área exponiendo resultados frente a directivos de la firma, accionistas y stakeholders. 

3.- Ponencias, exposiciones y/o eventos empresariales: frente a otros representantes del sector y de la competencia. 

¿Has vivido en primera persona alguna de estas coyunturas? ¿Aún no? ¿Te enfrentarás a ello dentro de poco? ¿Sólo imaginártelo ya lo temes? ¿Sabes exactamente qué motiva tu temor?

En vez de preocuparse por su forma de expresión, ocúpese de las causas que la producen. Dale Carnegie

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